La gran importancia del timo. 

Evidentemente no me refiero a lo que típicamente se conoce como timo en el argot popular, sino a esa misteriosa glándula situada en el cuello. Sabíamos que, a partir de los 20 años, más o menos, va degenerando hasta convertirse en una glándula grasa, sin prácticamente funciones. Sin embargo, hace algo más de un año, y ya lo comentamos, un estudio realizado en la Universidad de Los Angeles, en el que a hombres normales, con edades comprendidas entre 50 y 61 años, se les administró durante un año 1 mg diario de hormona de crecimiento para ver el efecto de esta hormona sobre la edad biológica; previamente se les había medido esa edad valorando dos genes CLOCK y BMAL1. Al cabo del año de tratamiento con GH se volvió a medir la actividad de esos genes y la sorpresa fue el descubrir que la edad biológica de los sujetos tratados con la hormona de crecimiento había disminuido su edad biológica en un promedio de 2,7 años respecto a su edad cronológica, es decir habían rejuvenecido biológicamente. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando vieron que en el plasma de esos sujetos había cantidad de inmunoglobulinas, por lo que analizaron el timo y observaron que esta glándula que a esas edades debía ser grasa había rejuvenecido y se comportaba de nuevo como una estructura donde maduran los linfocitos. 

Y aquí viene la pregunta:

¿Podría este misterioso órgano, el timo, que desaparece ser la clave de la longevidad?

Para responderla, muchos investigadores trabajan a contrarreloj para regenerar el timo, un órgano inmunitario efímero, con la esperanza de que ralentice el envejecimiento.

Pero analicemos la historia: 

En 1996, el criobiólogo Gregory Fahy acudió al consultorio de su médico y consiguió que le recetaran hormona del crecimiento para un mes. Su esperanza, respaldada por un único estudio en ratas, era que las inyecciones le ayudaran a regenerar su timo, un peculiar órgano inmunitario que, como dijimos, se atrofia y prácticamente desaparece con la edad. Fahy creía que regenerarlo le ayudaría a vivir una vida más larga y saludable.

La mejora fue evidente, al menos según las resonancias magnéticas (RM), afirma Fahy. Su masa tímica funcional casi se duplicó. Sin embargo, no estaba claro si esto le hacía sentirse más joven. “Tenía solo 46 años en aquel entonces y gozaba de una salud excelente”, afirma, aunque los intentos posteriores de regenerar el tejido lo dejaron sintiéndose “lleno de energía e invencible”.

Lo que comenzó como un autoexperimento no regulado se ha convertido en una serie de pequeños ensayos clínicos dirigidos por la compañía biofarmacéutica Intervene Immune, con sede en Torrance, California, donde Fahy es director científico.

La compañía no está sola. En los últimos tres años se ha producido un auge en la investigación sobre el timo, impulsado por informes publicados que sugieren que la salud de este órgano, antes considerado prescindible, es un indicador probable de la salud general de una persona. El entusiasmo aumentó cuando dos estudios publicados este año informaron que el deterioro de la salud del timo se correlaciona con un mayor riesgo de muerte.

Los inversores están respondiendo. En enero, una empresa de biotecnología de Basilea, Suiza, llamada TECregen, recaudó 10 millones de francos suizos (12,4 millones de dólares) para desarrollar terapias que regeneren el timo, lo que podría ayudar a ralentizar el envejecimiento y prevenir el cáncer, según el sitio web de la empresa. No ha revelado ningún fármaco candidato. En octubre pasado, Zag Bio, una empresa de biotecnología centrada en el timo con sede en Cambridge, Massachusetts, se lanzó con una financiación de 80 millones de dólares. Empresas de capital riesgo y farmacéuticas se han puesto en contacto con Fahy y otros científicos y han iniciado sus propios programas de investigación. «El interés actual en este campo es enorme», afirma Marcel van den Brink, médico jefe y presidente de City of Hope, un hospital oncológico y centro de investigación en Duarte, California, que estudia el timo desde 1996. «Existía la percepción generalizada de que estaba perdiendo el tiempo», comenta. Pero ahora, «la gente se pone en contacto con nosotros» y se toma el campo en serio. (Van den Brink es cofundador científico de Thymofox, una empresa de biotecnología con sede en Cambridge, Massachusetts).

Durante décadas, se creyó que el timo era un órgano vestigial. Ha sido «olvidado» y «menospreciado», afirma Georg Holländer, inmunólogo de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y cofundador de TECregen. En la década de 1920, algunos investigadores pensaban que el timo participaba en la producción de cáscaras de huevo en las aves, pero que su función era limitada en los mamíferos. Décadas después, el biólogo Peter Medawar, ganador del Premio Nobel, se refirió al timo como «un accidente evolutivo de escasa importancia».

Estaban equivocados. La importancia del timo pasó desapercibida para los científicos durante tanto tiempo, en parte porque los mamíferos a los que se les extirpa quirúrgicamente el timo parecen gozar de perfecta salud. No fue hasta la década de 1960, cuando el inmunólogo Jacques Miller realizó estas cirugías en ratones recién nacidos, que se descubrió la función del órgano. Los ratones lactantes sin timo a menudo sucumbían a las infecciones y morían. Tenían pocas células inmunitarias en sus ganglios linfáticos.

Miller descubrió que el timo produce linfocitos T, un tipo de célula que también identificó casi al mismo tiempo y que recibe su nombre del órgano. Ahora sabemos que los linfocitos T son una parte crucial del sistema inmunitario que ataca las células cancerosas y combate las infecciones.

En los humanos, el timo se reduce drásticamente a lo largo de la vida. Después de la pubertad, la mayoría de sus células se convierten en tejido graso no funcional. La producción de linfocitos T disminuye. A los 40 años, el timo produce aproximadamente una cuarta parte de los linfocitos T que producía a los 8 años. A los 65, produce solo el 10 %.

Por esta razón, muchos científicos asumieron que los linfocitos T ya no eran necesarios en las personas mayores. «La gente cree erróneamente que solo es importante producir linfocitos T cuando se es joven», afirma Jennifer Cowan, inmunóloga del University College de Londres. «Y está claro que no es así». Tres descubrimientos cambiaron ese paradigma. Primero, un estudio de 2023 reveló que las personas a quienes se les extirpó quirúrgicamente el timo tenían casi tres veces más probabilidades de morir y el doble de probabilidades de desarrollar cáncer cinco años después de la cirugía que quienes no se sometieron a la extirpación del timo. «Fue muy impactante», dice Cowan, «hasta el punto de que, después de leer ese artículo, la gente no querrá que le extirpen el timo».

En marzo, dos estudios consecutivos analizaron datos de más de 31 000 personas y extendieron los hallazgos a individuos con timo intacto que se había atrofiado naturalmente con la edad. Uno de ellos halló que un timo más pequeño se correlaciona con un mayor riesgo de muerte, así como con un mayor riesgo de desarrollar cáncer y enfermedades cardiovasculares como la insuficiencia cardíaca. El segundo halló que un timo más pequeño está relacionado con una menor supervivencia tras recibir inmunoterapia para el cáncer.

Algunos científicos señalan que los estudios solo ofrecen correlaciones. «Cuando se analiza retrospectivamente, hay muchas piezas del rompecabezas que simplemente no se pueden conocer», afirma Daniel Boffa, cirujano torácico de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut. Él y sus colegas realizaron un estudio que halló poca diferencia en el riesgo de recurrencia tumoral entre personas a las que se les extirpó total o parcialmente el timo para tratar el cáncer de timo.

No obstante, el interés comercial y académico en el timo se ha disparado. «La regeneración se ha convertido en un tema importante», afirma Yousuke Takahama, biólogo del desarrollo del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos en Bethesda, Maryland. «Es como reiniciar nuestro sistema inmunológico, al igual que reiniciar un ordenador».

Creo que la historia está clara, pero hay algo que solo se cita parcialmente y es el efecto de la hormona de crecimiento, tan vilipendiada por muchos que desconocen las sorprendentes y múltiples funciones de esta hormona. Su secreción va disminuyendo exponencialmente con la edad, desde los 20 años. ¿Es ésta la clave del envejecimiento? ¿Es también la causa de que a medida que envejecemos aumenten progresivamente una serie de patologías de todo tipo y degeneraciones? El tiempo lo dirá, pero yo estoy firmemente convencido de que así es. 

Jesús Devesa


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