La aparición de detecciones hasta ahora inexplorables, o casi, con la inteligencia artificial hasta el uso de fármacos que actúan sobre el sistema inmunitario, están revelando que la inflamación es un factor clave del riesgo cardiovascular, lo que obliga a aprender cómo detectarla y tratarla.
Hace ya tiempo que la inflamación se ha relacionado con las enfermedades cardiovasculares, pero solo recientemente se ha convertido en un objetivo que se puede identificar —y potencialmente tratar— en pacientes individuales. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad en todo el mundo, provocando 900.000 muertes anuales solo en Estados Unidos, y suelen estar vinculadas a niveles elevados del llamado colesterol «malo» (lipoproteína de baja densidad, LDL). Sin embargo, incluso las personas que toman fármacos para reducir los lípidos, como las estatinas, pueden sufrir el establecimiento de una placa arterial grave, infartos y accidentes cerebrovasculares. Los recientes avances en las técnicas de imagen coronaria permiten ahora a los médicos detectar la inflamación en las arterias coronarias y sus alrededores, lo que proporciona evidencia directa de que los procesos inmunológicos, y no solo los lípidos, son los que impulsan las enfermedades cardíacas y los infartos. Esto es sumamente importante, ya que la inflamación sistémica es un problema habitual de la población que aumenta con la edad, falta de ejercicio y hábitos nutricionales y de vida poco saludables. Ello explicaría el porqué de tantos infartos e ictus en sujetos con niveles normales de colesterol. Tengámoslo en cuenta y controlemos o evitemos la inflamación crónica, de nuevo la clave puede estar en el intestino y su flora bacteriana.
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