Las grandes y malintencionadas injusticias que vivimos.

Creo que ya lo comenté aquí alguna vez, pero es hora de incidir en el tema y con más fuerza aún. Hace unos dos años, más o menos, recibí un correo de un médico de Sri Lanka preguntándome si podía tratar en nuestro Centro a una pequeña de aquel país que había nacido con un Síndrome de Regresión Caudal y Agenesia Sacra. Supongo que se dirigió a mí porque había leído alguno de los trabajos que publicamos describiendo por primera vez en el mundo la curación de cinco casos que hasta ese momento (2017 fue el primero) se consideraban irreversibles ya que la única solución que había era la sección corporal, generalmente a la altura de las rodillas. Pero habíamos conseguido la regeneración en dos niños españoles, un niño polaco, una niña rumana y una argelina. Y lo habíamos publicado. Antes de continuar quiero aclarar que este síndrome se da en 1-2 recién nacidos de cada 100.000 o en 1 de cada 300 si la madre es diabética durante el embarazo y no está bien controlada. En esas situaciones el desarrollo de la columna vertebral, y con ella la médula, se interrumpe, generalmente a nivel terminal de la columna dorsal o primera lumbar, y consecuentemente el recién nacido carece de control motor y sensitivo de extremidades inferiores y de esfínteres. Habitualmente hay también agenesia del sacro con lo que cambia el centro de gravedad del cuerpo y el implante de los fémures en la pelvis. Bien, pues a raíz de nuestros estudios previos cuando nos llegó el primer caso se me ocurrió tratarlo con GH y rehabilitación, ya que la GH es una potente inductora de proliferación de células madre, diferenciación a neuronas y formación de raíces nerviosas y nervios. Ibamos a ciegas, un poco, pero lo conseguimos, y tras el primero y su publicación, algo inédito, llegaron los otros cuatro también tratados con éxito. Bien, pues cuando el médico de Sri Lanka me preguntó y le respondí que sí le dije que tendrían que conseguir un visado para que viniesen los padres y la niña. Pidieron el visado en la Embajada española y se lo negaron. Escribí entonces a esa Embajada, desde mi correo oficial indicando la importancia para la vida de la niña pero ni me contestaron y volvieron a negarles el visado. Así hasta 4 veces (conservo las cartas). Ante la desesperación y dado que la GH es cara y tiene unas indicaciones muy especificas, escribí al principal Hospital de Sri Lanka pidiéndoles que autorizasen la dispensa de la hormona a la niña. Afortunadamente, y esto es raro, se la concedieron y ya entonces desde aquí y por whatsapp me encargué de ir dándoles las directrices de tratamiento médico y rehabilitación. Los padres, los médicos, los rehabilitadores me envían periódicamente datos, peticiones acerca de como seguir, etc. Sumamente correctos y agradecidos. ¿Es lógico todo esto? Entran inmigrantes ilegales a chorro, se buscan bisnietos de exiliados y se impide en varias ocasiones que una niña que busca ayuda para una situación crítica (si entrase en la pubertad ya no habría nada que hacer) se le niega y se me acusa (en la Embajada) de falsedad documental…


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